La modularidad del BaaS ante la regulación
El Banking as a Service surge de una separación que la tecnología hizo posible: de un lado, la experiencia ofrecida al cliente; del otro, la infraestructura financiera necesaria para que esa experiencia funcione. Una empresa pasó a poder incorporar servicios financieros a su recorrido sin construir toda la cadena que existe detrás, concentrándose en la interfaz, la relación con su público y el desarrollo de productos, mientras utiliza capacidades ofrecidas por instituciones autorizadas.
Esta arquitectura ayudó a reducir barreras de entrada, acelerar el lanzamiento de productos y ampliar las posibilidades de distribución de servicios financieros. Al mismo tiempo, creó estructuras más complejas, en las que una experiencia aparentemente sencilla puede involucrar distintas empresas, contratos, sistemas y responsabilidades. Para quien mira la pantalla, todo puede parecer parte de un único producto; detrás, sin embargo, existe una cadena que debe funcionar coordinadamente.
Mientras todo funciona, esta complejidad tiende a permanecer invisible. El problema aparece cuando algo sale mal. Un fraude, un bloqueo, una indisponibilidad o un fallo en una transacción sacan a la superficie cuestiones que la experiencia digital había dejado en segundo plano: quién presta realmente el servicio financiero, quién responde por el cliente, quién controla los riesgos y quién debe resolver el problema.
En este contexto debe comprenderse la regulación del BaaS. La Resolución Conjunta n.º 16 aportó mayor claridad al modelo brasileño al establecer funciones, responsabilidades, servicios comprendidos y requisitos de transparencia. La institución autorizada sigue en el centro de la responsabilidad regulatoria, mientras la empresa asociada puede integrar estos servicios en su propia experiencia. La preocupación es comprensible: cuanto más fragmentada sea una cadena, mayor puede ser el desafío de supervisarla, establecer responsabilidades y garantizar que el cliente sepa con quién se relaciona.
Existe, sin embargo, una segunda dimensión que merece atención. La modularidad no es solo una característica tecnológica del Banking as a Service, sino parte importante de su lógica económica. Distintos proveedores pueden ofrecer capacidades diferentes en tecnología, productos, precio, atención, gestión de riesgos, disponibilidad o especialización. La posibilidad de combinarlas ayudó a formar un ecosistema donde las empresas pudieron construir soluciones financieras sin reproducir verticalmente toda la infraestructura necesaria para ofrecerlas.
Esta lógica también cambia cómo una empresa elige su infraestructura financiera. La decisión deja de considerar solo quién puede prestar un servicio y pasa a incluir características específicas de cada proveedor, su tecnología, capacidad operativa, modelo de integración, precio y adecuación al negocio. En este entorno, la posibilidad de combinar o sustituir componentes de infraestructura puede ser tan relevante como la disponibilidad del propio servicio.
Por eso, las medidas que reduzcan la fragmentación pueden producir beneficios importantes para la supervisión y la definición de responsabilidades, pero sus efectos no terminan ahí. Dependiendo de cómo se traduzca la arquitectura regulatoria en la práctica, también pueden aparecer impactos sobre la competencia, los costes de cambiar de proveedor y la continuidad operativa. Cuanto mayor sea la dependencia de un proveedor, más relevante resulta no solo su calidad, sino también la capacidad de sustituirlo cuando sea necesario.
También hay una dimensión de resiliencia en este debate. En una arquitectura modular, la existencia de distintos proveedores puede permitir distribuir capacidades y reducir ciertos puntos de dependencia. En una estructura más concentrada, simplificar las operaciones puede facilitar controles y responsabilidades, pero también hace más relevante evaluar el impacto que una indisponibilidad, un cambio comercial o incluso la necesidad de sustituir a un proveedor pueden provocar en toda la operación.
Este quizá sea uno de los aspectos más interesantes del momento actual del BaaS en Brasil. El debate ya no necesita plantearse como una oposición entre innovación y regulación, como si hubiera que elegir una. El desafío está en comprender qué características del modelo deben disciplinarse para aumentar la seguridad, la transparencia y la capacidad de supervisión, y cuáles deben preservarse para que sigan existiendo competencia, especialización y capacidad de innovar.
La maduración regulatoria es parte natural del desarrollo de cualquier mercado financiero. Después de una primera fase marcada por la expansión de modelos, la experimentación y la formación de distintos esquemas contractuales y tecnológicos, el BaaS brasileño entra en una etapa donde gobernanza, responsabilidad y transparencia ocupan una posición mucho más relevante. Esto no significa abandonar la arquitectura que permitió crecer al mercado, sino comprender mejor sus límites y los riesgos que deben gestionarse.
En este proceso, simplificar la cadena puede facilitar la supervisión y aclarar responsabilidades. El cuidado consiste en no comprometer con esa simplificación precisamente la modularidad que permitió al BaaS combinar distintas capacidades, ampliar la competencia y construir soluciones financieras de forma más eficiente. Encontrar ese equilibrio será uno de los principales desafíos de la nueva etapa del Banking as a Service en Brasil.
📌 Artículo publicado originalmente en Cantarino Brasileiro