Rogerio Melfi
« Volver
24/09/2026 · Artículos

Esto tiene pinta de IA

Esto tiene pinta de IA

Abres una presentación y empiezas a pasar las diapositivas. Es bonita, está organizada y mantiene una coherencia visual. Pero algo te llama la atención. La disposición de los elementos, los iconos, la simetría. En algún momento lo reconoces: esto se hizo con inteligencia artificial.

Con un texto ocurre algo parecido. Es correcto, está bien estructurado, pero aparecen algunas señales conocidas. Ciertas palabras, construcciones de frases, una forma particular de organizar el razonamiento. En una imagen, puede ser la iluminación, la composición o esa perfección un poco exagerada.

Cuanto más usamos la inteligencia artificial, mejor reconocemos sus patrones. Y, junto con esa capacidad, estamos desarrollando un nuevo tipo de prejuicio.

Porque ocurre algo curioso cuando reconocemos la IA: nuestra valoración puede cambiar. La presentación sigue siendo buena, el texto sigue teniendo sentido y la imagen sigue siendo bonita. Aun así, aquello puede empezar a parecernos menos creativo, menos sofisticado o menos auténtico.

Hace poco recibí una presentación de trabajo y lo reconocí al instante: hecha con Claude. Los iconos, la paleta de colores, la estructura de las diapositivas; ya había utilizado la misma herramienta, así que el patrón saltó a la vista antes incluso de leer el contenido. Y entonces ocurrió exactamente lo que describo aquí: no me pareció algo serio. Antes de evaluar si la idea tenía sentido, si los números cuadraban o si la propuesta era buena, ya había decidido que el trabajo no tenía peso.

Parte de esa reacción quizá provenga de la relación que todavía establecemos entre valor y esfuerzo. Un buen texto exigía horas de investigación y escritura. Una presentación sofisticada podía llevar días. Una buena imagen presuponía conocimientos técnicos. Cuando la IA permite llegar a un resultado parecido en minutos, resulta tentador concluir que, si fue más fácil hacerlo, debería valer menos.

También existe una paradoja interesante. Cuando decimos que reconocemos un “texto de IA”, muchas veces estamos identificando precisamente características que siempre consideramos positivas: organización, claridad, corrección y estructura. En las imágenes, desconfiamos de la perfección. En las presentaciones, del exceso de organización.

Lo “mal hecho” empieza, curiosamente, a funcionar como prueba de autoría.

La inteligencia artificial produce textos vacíos con apariencia de profundidad, imágenes convincentes de cosas que nunca existieron y presentaciones impecables que no dicen nada. También ha hecho posible producir contenido mediocre a una escala gigantesca.

Al reconocer que algo se produjo con IA, podríamos preguntarnos si es bueno, si los hechos son verdaderos, si hay una idea relevante y si alguien está dispuesto a responder por lo que se presenta.

Porque la frontera también se está volviendo menos clara. Una persona puede tener una idea y usar IA para estructurarla. Puede escribir y pedir una revisión. Puede investigar con IA y construir su propia conclusión. Puede generar una presentación y rehacer la mitad. O simplemente aceptar la primera respuesta y publicarla. Llamamos a todo eso “hecho con IA”, aunque sean cosas completamente distintas.

Quizá lo que está perdiendo valor no sea la autoría humana, sino algunas cosas que utilizábamos como señales de competencia. Si cualquiera puede producir una presentación bonita o un texto correcto en pocos minutos, la diferencia pasa a estar menos en la ejecución y más en la capacidad de hacer buenas preguntas, elegir lo que importa, reconocer errores, conectar ideas y asumir la responsabilidad por el resultado.

Por eso, la próxima vez que mire un texto, una imagen o una presentación y piense inmediatamente “esto es IA”, quizá valga la pena hacer una segunda pregunta:

¿Encontré un problema en lo que veo o simplemente reconocí la herramienta que ayudó a producirlo?

La diferencia entre esas dos cosas puede reducir mi prejuicio de “esto tiene pinta de IA”.

📌 Artículo publicado originalmente en Época Negócios