Pix y la nueva disputa por la infraestructura de la economía digital
Las críticas de Estados Unidos exponen una competencia que ya no es solo entre empresas, sino también entre las bases que las sostienen.
El debate provocado por las críticas del gobierno de Estados Unidos a Pix revela una cuestión más relevante que una eventual disputa comercial entre Brasil y empresas estadounidenses. Más que un debate sobre un medio de pago específico, el episodio evidencia una transformación en curso en la economía digital: la competencia dejó de ocurrir solo entre empresas y pasó a involucrar también las infraestructuras sobre las que operan.
Durante décadas, los sistemas de pago evolucionaron principalmente por la actuación del sector privado. Tarjetas, adquirentes, redes bancarias y distintos esquemas competían entre sí para ofrecer mayor eficiencia, seguridad y comodidad. Esta dinámica sigue existiendo, pero incorporó un nuevo componente: en diversos países, los bancos centrales empezaron a desarrollar infraestructuras públicas capaces de reducir costes, aumentar la eficiencia de las transacciones y estimular la innovación en todo el ecosistema financiero.
Pix, junto con Open Finance, es un ejemplo relevante de este movimiento. Su principal innovación no fue eliminar intermediarios ni sustituir a empresas privadas, sino crear una infraestructura común, disponible 24 horas al día, siete días a la semana, abierta a cualquier institución autorizada por el Banco Central y capaz de procesar pagos en segundos. Como infraestructura pública, su papel no es competir con los participantes del mercado, sino ofrecer una base común sobre la que distintas instituciones puedan desarrollar productos, servicios y modelos de negocio. En lugar de beneficiar a un participante específico, Pix redujo los costes operativos de todo el ecosistema.
El sistema tampoco impide la actuación de empresas extranjeras. Las instituciones internacionales que cumplen las exigencias regulatorias pueden participar en igualdad de condiciones y las empresas tecnológicas globales ya incorporaron funciones relacionadas con Pix a los productos que ofrecen en Brasil.
La consecuencia económica de este cambio, sin embargo, es inevitable. Cuando una infraestructura se vuelve significativamente más eficiente, los modelos anteriores pierden espacio porque dejan de ser la alternativa más ventajosa para consumidores y empresas. Con Pix, la infraestructura pública elevó el nivel de eficiencia de los pagos electrónicos. Si determinados modelos de negocio afrontan ahora mayor presión competitiva, se debe a la innovación proporcionada por la infraestructura, no a la exclusión deliberada de competidores.
Este debate, por cierto, dista de ser exclusivo de Brasil. India desarrolló UPI, hoy una de las mayores plataformas de pagos instantáneos del mundo. La Unión Europea avanza en sus propios sistemas de pago en tiempo real. Diversos países debaten monedas digitales emitidas por bancos centrales, identidades digitales y plataformas públicas para compartir datos financieros de forma segura.
Hay una razón: la infraestructura digital se convirtió en un factor de competitividad nacional, como lo fueron las carreteras, los puertos, la electricidad y las telecomunicaciones en otros momentos históricos. Cuanto menor sea el coste de realizar una transacción y mayor la interoperabilidad entre participantes, mayor tiende a ser la productividad de la economía.
El futuro de la competencia dependerá no solo de la capacidad empresarial para innovar, sino también de la calidad de las infraestructuras sobre las que ocurre esa innovación. Los países que consigan construir plataformas abiertas, interoperables, seguras y de bajo coste crearán entornos más favorables al emprendimiento, la competencia y el desarrollo de nuevos servicios, independientemente de la nacionalidad de los agentes económicos que actúen en ellos.
El episodio de Pix demuestra así que el debate sobre pagos ya no se limita a los instrumentos utilizados para transferir recursos. Pasó a involucrar la propia infraestructura que sostiene la economía digital. Comprender esta transformación es esencial para formular políticas públicas, estimular la innovación y fortalecer la competitividad. Al fin y al cabo, en una economía cada vez más digital, la calidad de la infraestructura deja de ser solo un requisito operativo y pasa a ser un activo estratégico para el desarrollo económico.
Director ejecutivo de la Asociación Brasileña de Banking as a Service (ABBAAS).
📌 Artículo publicado originalmente en JOTA