Integración en el sistema financiero
En el sistema financiero, la palabra “integración” se convirtió en una especie de paraguas. Sirve para casi todo: API, alianzas, proveedores, automatización, Banking as a Service y Open Finance.
Pero cuando todo se convierte en integración, corremos el riesgo de dejar de ver lo principal.
No hablamos solo de sistemas que se comunican entre sí. Hablamos de modelos distintos de relación, responsabilidad, gobernanza y distribución de servicios financieros. Esta diferencia no es un detalle técnico. Define quién atiende al cliente, quién asume el riesgo, quién gobierna la operación y quién responde cuando algo sale mal.
Hay al menos tres formas de integración que suelen confundirse en el mercado: integración para automatización, Banking as a Service y Open Finance.
Parecen cercanas. Pero no son lo mismo.
En la integración para automatización, la institución regulada sigue atendiendo directamente a su cliente. El tercero interviene para automatizar una parte de la experiencia: registro, validación, consulta, comunicación, prevención del fraude, interfaz o cualquier otro proceso operativo.
En este modelo, el cliente sigue siendo de la institución. El tercero ayuda a mejorar la operación, reducir fricciones y aumentar la eficiencia, pero no se convierte en proveedor del servicio financiero principal.
Es una relación normalmente basada en un acuerdo comercial, obligaciones de seguridad, niveles de servicio y reglas de uso de la tecnología. Importante, sí. Estratégica, muchas veces. Pero no necesariamente crea una nueva cadena regulada de prestación de servicios financieros.
La palabra clave aquí es eficiencia. La automatización mejora procesos. No cambia, por sí sola, la naturaleza del servicio financiero prestado.
En el Banking as a Service (BaaS), una institución proveedora y una receptora operan de manera integrada. La proveedora ofrece infraestructura regulada, tecnológica y operativa. La receptora utiliza esa estructura para entregar servicios financieros al cliente final, muchas veces dentro de su propia marca, canal o experiencia.
Aquí la integración deja de ser solo automatización y pasa a formar parte del modelo de distribución.
Por eso el BaaS ganó tanta fuerza. Permite a empresas con relaciones con clientes incorporar servicios financieros a sus experiencias sin construir toda la infraestructura regulatoria y operativa desde cero. Al mismo tiempo, permite a las instituciones proveedoras escalar su estructura mediante distintas receptoras.
Pero esta potencia trae una pregunta inevitable: ¿quién responde por qué?
El cliente puede estar en la experiencia de la receptora, utilizando su marca e interactuando con su canal. Pero el servicio puede depender de la infraestructura, la licencia, los controles y la operación de la proveedora.
“La regla está clara”, como diría el árbitro brasileño Arnaldo Cezar Coelho: el BaaS no es solo una integración tecnológica ni una alianza comercial bien presentada. Cuando una institución proporciona infraestructura para que otra entregue servicios financieros al cliente final, debe quedar claro quién hace qué, quién controla el riesgo, quién responde por la atención y qué obligaciones corresponden a cada participante de la cadena. En el fondo, la Resolución Conjunta n.º 16 transforma un debate muchas veces vendido como tecnología en un debate sobre gobernanza y responsabilidad.
Por eso el BaaS no puede tratarse como “solo una API”. La API puede ser el medio técnico, pero no explica la naturaleza jurídica, regulatoria y operativa del esquema.
El BaaS es una arquitectura de negocio. Más aún: una arquitectura de responsabilidad.
Open Finance sigue una lógica distinta. No nace de la simple necesidad de automatizar una experiencia interna ni de la relación entre una proveedora y una receptora para distribuir servicios financieros. Nace de una idea más profunda: el cliente debe poder utilizar sus datos y servicios financieros en otros entornos, de forma segura, estandarizada y consentida.
Aquí el centro de la integración no es el proveedor tecnológico, la receptora ni la prestadora. Es el cliente.
En Open Finance, el intercambio de datos y servicios ocurre entre instituciones participantes dentro de una estructura común de gobernanza, estándares técnicos, reglas operativas y mecanismos de seguridad. No es una integración bilateral cualquiera ni un acuerdo comercial entre dos empresas.
La institución no accede a los datos porque haya establecido una alianza privada con otra. Accede porque el cliente lo consintió, dentro de un ecosistema regulado y estandarizado.
El consentimiento del cliente pasa a ser la llave que autoriza el flujo. La estandarización reduce barreras técnicas. La gobernanza colectiva organiza la participación de las instituciones. La seguridad y la trazabilidad sostienen el modelo.
Open Finance es infraestructura que crea condiciones para que datos y servicios circulen de forma segura e interoperable, permitiendo mejores ofertas, mejor análisis de crédito, gestión financiera más inteligente, personalización de servicios y mayor competencia.
El sistema financiero brasileño está cada vez más conectado. Eso es bueno. Bancos, fintechs, instituciones de pago, aseguradoras, plataformas digitales, proveedores tecnológicos e infraestructuras de mercado están construyendo nuevas formas de operar juntos.
Automatización, BaaS y Open Finance son tres formas importantes de esta transformación. Sin duda no son las únicas.
¿Qué otras formas de integración en el sistema financiero añadirías a esta lista?
📌 Artículo publicado originalmente en Cantarino Brasileiro