Rogerio Melfi
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15/04/2026 · Artículos

Cuando falta una pieza, el brasileño inventa. Open Finance lo demuestra

Cuando falta una pieza, el brasileño inventa. Open Finance lo demuestra

El brasileño tiene una habilidad: hacer que el juego ocurra aunque falten piezas. Quien haya jugado al fútbol en la calle lo entiende bien. ¿No hay portería? Dos chanclas lo resuelven. ¿No hay balón? Se usa lo que haya. Y, de alguna manera, el juego sale adelante. No es el escenario ideal, pero funciona. Y funciona bien.

Open Finance en Brasil lleva algo de ese espíritu. Se construyó como una regulación sofisticada, con estándares, gobernanza y una arquitectura pensada para compartir datos y servicios de forma segura y estructurada. Pero no todas las piezas venían en la caja. Faltó la figura del AISP, Account Information Service Provider. Una pieza que en otros mercados tiene un papel claro: acceder a los datos del usuario, organizarlos y generar valor a partir de ellos.

Pero eso no impidió el juego. El mercado encontró otro camino. Utilizó una pieza disponible, los ITP —iniciadores de transacciones de pago— y, con la regulación de alianzas, construyó algo que en la práctica cumple el papel de agregador de datos. No era exactamente el diseño original, pero bastó para que el juego continuara.

Y continuó. Hoy, una parte relevante de los consentimientos en Open Finance pasa precisamente por este esquema. Empresas que no mantienen cuentas, pero que, conectadas a Open Finance y con el consentimiento del usuario, acceden a datos, estructuran información y entregan valor.

No es una distorsión. Es una adaptación. Y quizá ni siquiera tenga sentido replicar el modelo de AISP como otra entidad supervisada por el Banco Central. Hay espacio para caminos más acordes con la naturaleza de esta actividad, más cercana a los datos que a la custodia de recursos.

Uno de esos caminos puede estar en la propia gobernanza de Open Finance, bajo la coordinación de la Asociación Open Finance Brasil. Un modelo de autorización que preserve estándares, seguridad e interoperabilidad sin perder la fluidez que permitió al ecosistema evolucionar hasta aquí.

Hoy la Asociación ya funciona, en la práctica, como una capa intermedia entre regulación y mercado. Define estándares, establece requisitos técnicos, coordina participantes y garantiza la interoperabilidad.

Ampliar este modelo para incluir el papel del AISP parece una evolución natural. Un esquema que equilibre seguridad y confianza, con criterios claros de acceso, certificación y operación; que mantenga la estandarización mediante reglas comunes de interoperabilidad y uso de datos; y que contemple mecanismos de reembolso para las instituciones transmisoras. Además, que preserve la apertura a la innovación y evite restringir la entrada exclusivamente a instituciones reguladas por el Banco Central.

Este camino encaja mejor con la lógica de la Ley General de Protección de Datos. Si el dato pertenece al usuario y es él quien decide con quién compartirlo, tiene sentido disponer de mecanismos para compartirlo con seguridad, sin convertir a todos los agentes en instituciones financieras reguladas.

A estas alturas, la duda ya no es sobre la necesidad de esa pieza. Ya existe y funciona, aunque de forma adaptada. No necesitamos un campeonato nuevo. Solo necesitamos que alguien organice el campo para que el juego crezca con seguridad e innovación.

📌 Artículo publicado originalmente en Inovativos