Rogerio Melfi
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15/04/2026 · Artículos

El nuevo sistema financiero nace de la convergencia entre tecnología y regulación

El nuevo sistema financiero nace de la convergencia entre tecnología y regulación

El nuevo sistema financiero no es una proyección. Se está construyendo ahora, a partir de la convergencia entre tecnología y regulación. Más que digital, este nuevo esquema se estructura sobre datos, automatización y nuevas infraestructuras que redefinen cómo se toman decisiones, se evalúan riesgos y se realizan transacciones.

Esta transformación se hizo evidente durante la edición de 2026 del LIFT Day, evento que presenta soluciones desarrolladas en el Laboratorio de Innovaciones Financieras y Tecnológicas del Banco Central. Más que un escaparate de proyectos, allí se observa cómo el propio regulador organiza su pensamiento sobre el futuro del sistema financiero, con foco en la experimentación, la coordinación y la construcción progresiva.

Aunque distintos, los proyectos presentados apuntan en la misma dirección. En iniciativas orientadas a ESG, por ejemplo, soluciones como AgroID muestran cómo los datos públicos, geoespaciales y productivos pueden transformarse en infraestructura para la inclusión financiera y el crédito sostenible. Perfiles antes “invisibles” para el sistema pasan a evaluarse a partir de evidencias verificables y prácticas ambientales concretas.

En otro frente, proyectos como Regulated Tokenized Multi-Asset Privacy Network indican que la tokenización deja de ser solo un concepto y empieza a estructurarse como infraestructura financiera, permitiendo registrar, gestionar y liquidar distintos tipos de activos en entornos integrados, con mayor trazabilidad y automatización.

Por su parte, iniciativas como Credenciales Verificables y Tokens de Cumplimiento avanzan en un tema aún más sensible: construir modelos de identidad, cumplimiento e intercambio de información que reduzcan redundancias regulatorias y refuercen la seguridad sistémica sin comprometer la interoperabilidad.

Lo que se observa es la materialización de un movimiento global: el sistema financiero deja cada vez más de organizarse mediante fronteras institucionales rígidas y pasa a operar como un ecosistema integrado.

Cuando el dato se convierte en infraestructura, las decisiones dejan de apoyarse en declaraciones estáticas y empiezan a construirse a partir de evidencias continuamente verificables. Cuando la sostenibilidad se incorpora a los mecanismos financieros, deja de ser un coste de cumplimiento y pasa a ser una variable económica. Y cuando el dinero se vuelve programable, se redefine la propia noción de liquidación.

Este nuevo esquema aporta ganancias evidentes de competencia, eficiencia e inclusión. Pero también introduce nuevos desafíos. La gran prueba ahora consiste en crear las condiciones para que la innovación ocurra con seguridad, transparencia y gobernanza, preservando la confianza que sostiene al sistema en su conjunto.

La regulación, en este escenario, empieza a funcionar como infraestructura. Una infraestructura que define límites y orienta comportamientos, pero también viabiliza nuevos modelos y organiza el funcionamiento de un sistema cada vez más digital.

Veo que LIFT, más que un laboratorio de innovación, se consolida como un entorno de experimentación coordinada en el que sector público, mercado, academia y tecnología trabajan juntos. No para validar soluciones listas, sino para probar hipótesis, reducir incertidumbres y acumular aprendizaje institucional.

El futuro del sistema financiero no lo definirá una única tecnología ni una decisión regulatoria aislada. Será resultado de elecciones acumulativas, realizadas a lo largo del tiempo a partir de evidencias, pruebas y cooperación institucional. En un momento en que tanto se habla del futuro, son pocas las oportunidades de participar de verdad en su construcción.

📌 Artículo publicado originalmente en Investing.com